La selección mexicana cayó 2 a 3 ante Inglaterra en los octavos de final del Azteca. El resultado trajo tristeza, pero también la satisfacción de haber visto al Tri disputar el torneo como no lo hacía en décadas: cuatro victorias seguidas, cinco partidos sin gol en contra y la última Copa del Mundo en México para el libro de los recuerdos.
En la primera mitad, Jude Bellingham firmó un doblete tempranero que puso el 2-0 a favor de Inglaterra. Sin embargo, antes del descanso, Julián Quiñones aprovechó un rebote dentro del área para acortar distancias, una anotación histórica con la que igualó la marca de Luis “El Matador” Hernández de cuatro goles en Copas del Mundo. Para la parte complementaria, el encuentro mantuvo la intensidad desde el manchón penal: Harry Kane amplió la ventaja británica, pero Raúl Jiménez respondió por la misma vía para sellar el 2-3 definitivo. En el tramo final, la expulsión de Jarell Quansah le otorgó a México superioridad numérica, pero a pesar de un asedio constante durante los últimos diez minutos, el ansiado gol del empate nunca llegó.
Al final, Javier Aguirre fue directo: “No les puedo reprochar nada a los jugadores. Los jugadores ganan los partidos, los entrenadores los pierden, así que soy el responsable de la derrota.” El técnico asumió los dos errores defensivos que propiciaron el doblete de Bellingham. La revelación de todo el torneo, Gilberto Mora, el mediocampista de 17 años que debutó como titular en la Copa, se fue del campo con la playera del inglés, que se la cedió en señal de respeto.
La afición despidió al equipo con aplausos. México no alcanza los cuartos de final desde 1986. El Tri agotó su última bala en casa y deja en Mora la promesa de un ciclo que recién empieza.

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