Durante más de una década México ocupó el primer lugar mundial en obesidad infantil. El Atlas Mundial de la Obesidad 2026, publicado por la Federación Mundial de la Obesidad, ubica ahora al país en el octavo lugar. El descenso no es casualidad: responde a un conjunto de decisiones de política pública que la Cuarta Transformación impulsó de forma sostenida desde 2019 y que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha consolidado.
Cuatro medidas concretas explican el avance: el etiquetado frontal de advertencia en alimentos y bebidas, que México fue pionero en adoptar en América Latina; la prohibición de venta de comida chatarra y bebidas azucaradas en escuelas; el impuesto a los productos ultraprocesados y la apuesta por promover la alimentación tradicional frente a la industria de los alimentos de bajo valor nutricional. Organismos internacionales como la OMS y UNICEF han reconocido estas políticas como referentes para otros países.
Especialistas de la propia Federación Mundial de la Obesidad señalan que hay elementos para considerar que las políticas aplicadas están produciendo resultados y que el país va por buen camino, aunque es necesario sostener y reforzar las acciones.

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