La Suprema Corte de Justicia de la Nación abrió el 9 de julio la puerta a un precedente inédito: atrajo tres expedientes que podrían otorgar personalidad jurídica a la abeja melipona, a la Reserva Geohidrológica Anillo de los Cenotes de Yucatán y proteger a la niñez maya frente a megagranjas porcícolas. El caso de las abejas fue promovido por comunidades mayas de Hopelchén, Campeche, que documentan la muerte masiva de colonias por plaguicidas como el fipronil y distintos neonicotinoides.
La abeja melipona es mansa: no pica y se defiende mordiendo. Lleva siglos tejida a la vida económica y ritual del pueblo maya, desde los pagos tributarios de la época prehispánica hasta hoy. Su miel se usa con fines medicinales y cosméticos, y como polinizadora sostiene cosechas enteras de aguacate, café y chile habanero. La defensora maya Leydy Pech lleva más de una década alertando sobre el colapso de colmenas enteras.
El ministro Arístides Guerrero precisó que el caso permitiría que la Corte salte del enfoque tradicional, centrado en los derechos humanos, a uno biocéntrico, en el que los ecosistemas mismos merecen protección jurídica. Recordó la experiencia del amparo de la jirafa Benito en 2023 como la primera grieta que la justicia abrió en favor de los animales en México.
Las organizaciones que acompañan a las comunidades advirtieron que la decisión de la Corte es el inicio de un proceso, no la victoria final. Alrededor de la Reserva Geohidrológica de Homún ya operan 352 granjas porcícolas que amenazan el acuífero de la península.

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