El senador Lindsey Graham murió el 11 de julio de 2026 a los 71 años en Washington. Los resultados preliminares del forense indicaron una disección aórtica. Graham llevaba más de dos décadas en el Senado de Estados Unidos representando a Carolina del Sur y fue uno de los legisladores más beligerantes del Congreso en materia de política exterior, siempre dispuesto a abogar por la fuerza militar como primera respuesta a las crisis internacionales.
Su historial fue consistente y polémico: respaldó la invasión de Irak en 2003, una guerra que costó más de 200 mil vidas civiles y partió de inteligencia fabricada; defendió la ocupación indefinida de Afganistán; abogó por ataques preventivos contra Corea del Norte; y apoyó la campaña de bombardeos de EU e Israel contra Irán en 2026. Ninguna de esas guerras tuvo consecuencias para quienes las impulsaron en Washington.
En el caso de Gaza fue aún más explícito: cuando la Corte Penal Internacional abrió investigaciones por crímenes de guerra contra Israel, Graham le dijo al fiscal del organismo que esa corte “se creó para África y para matones como Putin, no para democracias como Israel y Estados Unidos”. Votó en contra de cualquier medida que pusiera condiciones al suministro de armas al gobierno israelí y nunca reconoció públicamente la cifra de más de 70 mil palestinos muertos durante el conflicto en Gaza.
En lo personal, Graham encarna la inconsistencia que define al ala trumpista del GOP: en 2016 llamó al expresidente “el candidato con más defectos en la historia del partido”; luego se convirtió en su defensor más leal, incluso después del asalto al Congreso del 6 de enero de 2021. Tenía 71 años y buscaba un quinto mandato este otoño.

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