Un equipo del Centro de Astrobiología de Madrid detectó eritrulosa en una nube de gas y polvo cerca del centro de la Vía Láctea. Es la primera vez que se confirma la presencia de un azúcar en el espacio interestelar. El hallazgo, publicado en Nature Astronomy, abre preguntas fundamentales sobre el origen de la vida.
Los investigadores usaron el radiotelescopio de 40 metros del Observatorio de Yebes, en Guadalajara, y el telescopio de 30 metros del IRAM en Granada para captar las señales de la molécula. Su identidad quedó establecida por doce conjuntos de líneas espectrales que coincidieron punto por punto con las medidas obtenidas previamente en laboratorio por la Universidad del País Vasco, una especie de huella dactilar química del compuesto. Para asegurarse, seis de esas señales aparecieron casi sin interferencia de otras moléculas vecinas.
El resultado sorprendió al equipo: en astroquímica, las moléculas más grandes suelen ser las menos frecuentes; la eritrulosa fue hasta diecisiete veces más abundante que los azúcares de tres carbonos que buscaron en la misma zona y no hallaron. Los modelos concluyen que se forma sobre granos de polvo helado a partir de compuestos orgánicos más sencillos, mediante reacciones que pueden ocurrir antes de que nazca una estrella.
Los investigadores señalaron que la ribosa, el azúcar clave del ARN, podría ser el siguiente compuesto de este tipo en ser detectado en el espacio. La hipótesis que el hallazgo refuerza: moléculas esenciales para la vida llegaron a la Tierra primitiva en meteoritos y cometas, hace unos cuatro mil millones de años.

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