18 de mayo de 2026

EN LA OPINIÓN DE ...

“La idea básica que atraviesa la historia moderna y el liberalismo moderno es que el público debe ser marginado. El público en general es visto no más que como excluidos ignorantes que interfieren, como ganado desorientado.” Esta frase de Noam Chomsky es el punto de partida para esta columna, que no pretende otra cosa que no sea la reflexión sobre el escenario político actual en México. 

Y es que, desde hace 6 años, se ha venido repitiendo cual constante Goebbeliana que vivimos en una dictadura, que la democracia en México ha muerto, que seremos Venezuela y que estamos viviendo la peor represión para la oposición y la libertad de expresión desde que se tiene memoria histórica. La pregunta es: ¿Y será cierto? 

Veamos: según la Ciencia Política, una dictadura se caracteriza por la falta de elecciones libres, represión de la disidencia y concentración del poder. Vayamos de una a una. México celebró elecciones, igual que más de la mitad del planeta, durante 2024, en una de las jornadas más concurridas de su historia: más de 60 millones de personas acudieron a las urnas y dieron respaldo avasallador al Plan C. Touché. Más que discutido, todo se ha dicho sobre la aplastante victoria de la ahora presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, pero, ¿qué hay de la represión de quienes opinan diferente? 

Las voces de la disidencia ahí, en programas televisivos o de radio que parecen no entender los nuevos paradigmas de la comunicación, o en plataformas de redes sociales con discursos gastados, mensajes clasistas y fake news para todos los gustos. Y es que, de no ser por ejercicios como La Mañanera, los grupos de poder al servicio de los grandes capitales seguirían promoviendo libremente narrativas favorables a sus intereses. En un momento intentaron suspender las conferencias matutinas so pretexto de “influir en el proceso electoral”. Ellos, que a golpe de billetes y prebendas manejaron a su antojo la narrativa del poder, que fueron partícipes y cómplices en acciones tan ruines como el montaje de operativos de rescate de la extinta Policía Federal; ellos, que no tenían empacho en despedir periodistas que cuestionaran el ejercicio del poder, ahora señalan una mordaza inexistente. Y es que no bastó con crear un nuevo bastión de información tergiversa en Latinus, o intentar borrar su nombre recreando su marca en noticieros como “N+”, antes noticieros Televisa; ahora también apuestan a la desinformación a través del financiamiento de sitios que promueven información engañosa y granjas de bots, outlets y el posicionamiento de trendic topics para desacreditar la figura presidencial, su gobierno y su toma de decisiones.

Llegamos entonces a la concentración del poder, y lo hacemos en el punto más álgido de la discusión a la reforma al Poder Judicial, tema que nos atañe a todas y todos. Acusan que con la reforma, la 4T quiere controlar el Poder Judicial. Sin embargo, de 11 ministros de la Suprema Corte, AMLO propuso a 5 y, de no ser por la Reforma, a Sheinbaum le habría tocado proponer otros 4 de aquí a 2027. Es decir, para diciembre de ese año, la 4T podría haber colocado a 9 de 11 ministros. Con el control del Ejecutivo y supermayorías en el Legislativo, la Presidencia pudo haberle dado forma al más alto tribunal sin tomar en cuenta a nadie. Pero propuso renunciar a ello y trasladar la decisión al electorado. Podré no estar de acuerdo al 100% con la reforma, pero reconozco en ella la voluntad de mantener el ideal del artículo 39 constitucional: “la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.” ¿Acaso no votó el pueblo por el Plan C, que claramente promovía una reforma al Poder Judicial? ¿No es el voto mayoritariamente aplastante por Morena una reivindicación de que la población avala el sostenimiento y amplificación de los programas sociales, los mismos que la oposición pretende debilitar? ¿Acaso el mensaje del pueblo no ha sido claro?

El respaldo popular a la 4T es innegable. Las elecciones recientes han demostrado que, aunque existan desacuerdos, el apoyo ciudadano a este proyecto es sólido. Curiosa, entonces, la dictadura cuatroteísta que la mayoría de los mexicanos vive y una minoría    rapaz padece.

Aún así, el voto no es un pase en blanco. No votamos para hacernos siervos, el voto nos da un derecho y una obligación. El derecho de exigir que se cumpla a cabalidad lo propuesto por quienes pidieron y obtuvieron nuestro voto, y la obligación de asumir la corresponsabilidad de haber impulsado un proyecto político determinado, vigilando lo que se hace desde el poder, exigiendo que se haga bien. Se trata de principios y congruencia. Y mientras éstos existan, no hay lugar a dictaduras, cuando el mensaje del pueblo es claro: el pueblo manda.

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