El Danubio alcanzó en Budapest una profundidad de apenas 10 centímetros, muy por debajo del anterior mínimo de 33 centímetros registrado en 2018. La sequía sostenida y las olas de calor extremo con temperaturas de hasta 38 grados vacían uno de los ríos más importantes de Europa sin que se prevéan lluvias en los próximos días.
La crisis energética es severa. Hungría apagó por primera vez en 44 años la central nuclear de Paks, que aporta un tercio de la electricidad del país; la planta opera desde la época soviética. El primer ministro Peter Magyar confirmó el cierre total al caer la producción de 2 mil a 240 megavatios. En Serbia, la central hidroeléctrica principal opera al 20 por ciento de su capacidad.
Rumania aplicó medidas más extremas. El primer ministro Ilie Bolojan declaró el estado de emergencia y ordenó a la Marina detonar 180 kilogramos de explosivos en el canal Bala del Danubio para desviar el caudal hacia el río principal y garantizar el abastecimiento de agua a la central nuclear de Cernavodă. Los buzos y las embarcaciones de guerra también instalaron un umbral sumergido con barcazas cargadas de roca. El ministro de Defensa Radu Miruță supervisó personalmente las operaciones.
La bajante también sacó a flote historia. Cerca de Prahovo, en el tramo del Danubio que divide a Serbia de Rumania, la población local y los turistas pueden ver los cascos oxidados de unos 200 buques de guerra alemanes hundidos por las propias fuerzas nazis en septiembre de 1944 para frenar el avance soviético por los Balcanes. Algunos siguen cargados de munición. En un tramo búlgaro del río también aparecieron restos de un mamut con miles de años de antigüedad. Los mismos barcos habían emergido durante las sequías de 2022 y 2024; Serbia ya negocia con la Unión Europea su remoción definitiva.

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